Monográfico_Cervantes Monográfico Cervantes-Shakespeare - Page 22

las de sus lectores. Así, junto a la risa y burla, y junto a la admiración, extrañeza y simpatía compasiva que principalmente inspira al lector corriente, hallaremos en una extensa minoría reproches, alabanzas y meditaciones en torno a determinado "defectos" y "cualidades" del loco andante" (Navarro González, ob. cit, p. 257). En definitiva, como muy bien señala Manuel García Martín, “ni la decisión cervantina de rematar cuerdamente su azarosa historia (entre otras razones par evitar la repetición de apropiaciones espurias) pudo detener la avalancha de interpretaciones y comentarios que le obligaron a cabalgar de nuevo, reviviendo las más disparatadas aventuras y representando los más grotescos episodios. Prueba evidente de ello es que, sin salir de su época, le vemos desfilar por incontables mascaradas y fiestas estudiantiles, inspirar varios poemas burlescos, servir de pretexto para procaces alusiones caricaturescas, aparecer en distintas referencias literarias y, fundamentalmente, protagonizar, junto con su escudero, relatos y escenificaciones más o menos estimables”(5) Dejando al margen las adaptaciones teatrales serias (Guillén de Castro), no deja de ser un hecho signi4icativo que las parodias del personaje cervantino en diversas adaptaciones teatrales se documentan desde fecha muy temprana, siendo lo más habitual un tratamiento deforme y super4icial de la 4igura de don Quijote – y en ocasiones también Sancho- sin atender a otros aspectos más profundos y trascendentes de la novela de Cervantes (6). El primer ejemplo que se suele aportar de este tipo de continuaciones quijotescas es el de Francisco de Ávila Entremés famoso de los invencibles hechos de don Quijote de la Mancha. La acción del entremés tiene lugar en una venta a donde llegan don Quijote y su escudero. Comienza con un diálogo entre el ventero y su mujer, quienes ven aparecer a "dos pícaros desarrapados". Se trata del hidalgo y de su escudero que salen "lo más ridículo que ser pudiere". La venta –lugar 4ísico real- se muestra en la imaginación de los personajes, como suele ser habitual, de manera diferente: según el caballero, el lugar es un magní4ico castillo; la visión real y pragmática del escudero retrata una construcción vetusta que cumple su humilde función. Don Quijote -que toma la venta por un castillo donde Dulcinea está en poder de gigantes y leones-, se dispone a emprender la valerosa aventura de su desencantamiento, haciendo alardes de la fuerza de su poderoso brazo. Mientras tanto, Sancho deja mostrar su corbardía y temor. A lo largo del diálogo accedemos a diversas informaciones de interés para la trama: el encantamiento sufrido por Dulcinea en referido castillo; por su parte el ventero se deja llevar por los acontecimientos y propone a don Quijote armarlo caballero. "Sale el ventero con unas armas de esparto o de guardamecí, de modo que provoquen a risa". El caballero en ciernes (protegido por el reparador sueño de Sancho) se dispone a velarlas en medio del tablado. Como en la novela, un arriero sale con un caldero y tropieza con las armas, desbaratándolas, acción que provoca la cólera de don Quijote, que le ataca con la lanza. De su ofensiva no sale el hidalgo bien librado, pues el arriero le deja malherido en el suelo. Sale el ventero de nuevo para proceder a la ceremonia. Consiste ésta en preguntar por tres veces: "¿Queréis ser caballero?", y darle tres golpes consecutivos con el estoque. La obra, como se ve, es una adaptación libre de los capítulos II y III de la primera parte de la novela cervantina, en los que narra la llegada de don Quijote a la venta y "la graciosa manera que tuvo de armarse caballero, si bien el entremés introduce, a modo de colofón, la aparición de una Dulcinea para culminar la burla: se prepara una 4iesta. [...] Marina, (la mujer del ventero) se hace pasar por Dulcinea convertida en Reina, y presenta a don Quijote a los "grandes" de su reino, que des4ilan besándole la mano en una escena grotesca. La obra termina con una procesión de los cómicos personajes, mientras los músicos cantan: "Dulcinea y don Quijote / son dos reyes de almodrote". 22