martin patricio barrios | blanco. Yamal, el fin del mundo - Page 96

Casi se diría que me estoy acordando de Pedro Páramo. De aquella profesora de literatura que fumaba y que nos dejaba fumar y que se sentaba a mesas de tres patas con los labios pintados y con esa elegancia de voz ronca, a la que después de leer El matadero le dije: «Si alguno de nosotros se mata, es su culpa, ¿no ve que nos están cazando como a moscas?». Ella, tan inmensamente fina, no dijo nada, ni un gesto, ni nada, tal vez nos preparaba para sobrevivir y lloraba sobre su mesa de tres patas. ¡Salud, Doctora Raquel Sajón de Cuello! ¡Por usted!