martin patricio barrios | blanco. Yamal, el fin del mundo - Page 94

Mi disfunción para entender, por ejemplo, las manifestaciones de la ternura. No se llora, no se dice. Son intercambios extraños. El perro que olfatea y que mueve el rabo; aquel hombre tratando de acomodar la cabeza despedazada de su hijo muerto en el asiento de atrás de una van Toyota que va a los saltos sobre las piedras del Triángulo de Ilemi; los afar esperando su turno para el agua atrás de los dromedarios que orinan y defecan y babean el pozo de aguas sulfatadas donde nos vamos a tirar de narices a calmar la brutalidad de 63º C cuando los dromedarios hayan saciado su sed; la búfala separando al ternero de las leonas famélicas; esa mujer de ojos de gato barcino que, mirando la nada, deja caer el pedazo de carne de reno cruda sobre el pedazo de tabla que, territorialmente, sería mi plato. No se llora, no se dice. ¿Cómo se llamaba aquel moridero del otro lado del río Hooghly, tan cerca de Chowringhee Road, donde los endemoniados fieles rubios de la Madre Teresa, felices por haber encontrado del otro lado del mundo seres más miserables con que exculpar sus fétidas almas de hidratos de carbono y de grasas saturadas, hidrataban a pobres desgraciados para hacerlos hechar a palazos por la policía marxista-leninista de West Bengal después de un par de tragos de agua verdosa, un barrio cualquiera, un barrio como Kibera o como las chabolas en las palafitas sobre los vertederos del Buriganga; ese moridero donde aquella leprosa (el jazmín del cabo y los leprosos tienen los olores más recordables) casi muerta le hacía sombra con la mano a su bebé cubierto de moscas? (Al rato la mujer estaba muerta, el bebé estaba muerto sin saber que abonaban con sus putas muertes putísimas órdenes de mérito, reputísimos premios a labores humanitarias). ¿Será eso un gesto de la ternura? Roman acaricia el hocico del reno y el reno se va muriendo con la lengua afuera, estrangulado por Roman que le acaricia el hocico.