martin patricio barrios | blanco. Yamal, el fin del mundo - Page 90

Los copos de nieve se fueron rompiendo en el pelo de mis botas de zorro del ártico, me quedé sentado, mirando cómo el pelo se iba poniendo brillante por el agua, un brillo extraño, más o menos artificial. Antes de terminar el cigarrillo las botas de zorro del ártico estaban otra vez blancas de hielo. Miré el cielo, como siempre que no sabría qué hacer, miré el cielo blanco, espeso, bajo, blanco, sordo, mudo, blanco. Y como me quedaba quieto también los copos de nieve de mi casaca, de mis guantes, se iban convirtiendo en una capa fina de hielo, todavía débil, todavía esponjosa, todavía frágil, pero no extrañé los vientos secos del norte, no extrañé sacar la silla a la vereda para que me llueva, sentado en la silla con la cabeza echada para atrás cuando por fin las nubes gigantescas y difíciles se rompían, sintiendo cómo las gotas de lluvia se calentaban en mi piel, sintiendo cómo el polvo fino que trajo el viento del norte se iba convirtiendo en barro liviano y pegajoso entre los dedos de mis pies, detrás de las orejas. «¿Alguna vez extrañás algo?». «No, en general, no».