martin patricio barrios | blanco. Yamal, el fin del mundo - Page 84

Y mi alma que parecía cansada o afligida se frota las manos al fueguito reparador y me mira rascarle la oreja al perrito mugriento y gruñón que se me sienta al lado y que no le gusta nada que le rasque la oreja y no se lame y mira el fuego. Al final nada era tan complicado, ni siquiera los polinomios ni aquello del redox que me paseó algunas veces frente a la Doctora Roca, que sabía perfectamente que yo sabía que ella sabía que no me importaba. Nada.