martin patricio barrios | blanco. Yamal, el fin del mundo - Page 70

Una tarde cambié de nombre. No yo, ellos me lo cambiaron. El día del ejército, más bien, el día que ellos festejaron el día del ejército; no sabemos si el día antes o el día después del día del ejército, me cambiaron el nombre o me dieron un nombre que no sabría cómo usar o cuándo usar o si debiera usar, sobre todo porque sé la traducción pero no el nombre. Como todo, los sonidos de mi nuevo nombre también los perdí. Ahora me acuerdo de la traducción, me acuerdo de los ojos furibundos de aquel francotirador que sirvió en Chechenia que clavó la botella de vodka en la nieve y me dijo: «No es fácil, no es fácil, yo pedía perdón por la vida que me iba a tomar y después disparaba, no es fácil», me dijo sin pestañear, con esos ojos y ese dolor tremendo, «no es fácil», me dijo, me dijo otras cosas sin pestañear, el día que festejaron el día del ejército, tomando vodka, hablando bajito con ese dolor tremando y esos ojos que nunca pestañeaban y yo lo escuchaba, bajito, tomando vodka, pestañeando, sin entender una sola palabra. Antes de subir al trineo se golpeó el pecho con el puño y me gritó algo, lo dijo varias veces, tal vez porque estaba borracho, tal vez para que lo entienda. Dmitry, que estaba serio, me tradujo en voz baja, como para no interrumpir mi silencio.