martin patricio barrios | blanco. Yamal, el fin del mundo - Page 54

Estaban preocupados por la situación de los indios en la Argentina. Cada tanto aparecía la misma pregunta: ¿Viven en reservas o son Nación? Me lo repreguntaban como si algo en mis respuestas fuera débil, como si yo fuera estúpido y no entendiera el sentido de las preguntas, como si al final de tanto insistir, yo fuera a confesar algo que les ayude a entender su propia complejidad de saberse colonizados, algún espejo que les reconforte el alma, el sueño, algo. Como si mi respuesta, «ni esto ni aquello, simplemente son pobres», no pudiera relacionarse de ninguna manera con los forcejeos en los mercados de Yar Sale, con el precio de los impuestos, con las películas de policías corruptos que miraban en silencio horas y horas y que nunca terminaban de ver porque se acababa el combustible del generador, porque el vodka los doblaba sobre las rodillas o porque simplemente se perdían en sueños indescifrables sobre osos blancos y pájaros deliciosos ensartados en sus flechas o derribados por sus fusiles de francotirador que arrancaban más carne al animal que la que se pudiera recolectar del revoltijo de plumas y de nieve, películas de policías corruptos que miraban fumando en silencio como el melancólico mira al fuego. Como mi respuesta no varió, ellos no preguntaron más. No preguntaron más nada. Ya no había nada de interés en ese blanco no ruso, medio helado, que no fueran los Lucky Strike que salían milagrosamente de mis bolsillos. Pero eso no se pregunta. Para eso solo se estira la mano.