martin patricio barrios | blanco. Yamal, el fin del mundo - Page 146

A mi la chica de la farmacia me dio un beso. Miré el cielo bajo, liso, tratando de creer que la Ursa Major estaba por ahí. No siendo el tabaco que se quemaba no se escuchaba ninguna otra cosa. Y me acordé del día en que la chica de la farmacia me dio un beso, hacía poco menos de cuarenta años. En poco menos de cuarenta años una o dos veces me había acordado de eso. Me acuerdo de una vez que estábamos haciendo un balance de desamores y yo grité mi carta de triunfo: «¡Si! ¡si! ¡pero a mi la chica de la farmacia me dio un beso!», grité desaforado y me dejé caer en la silla con aire de victoria, como si todavía estuviera viendo los ojos de la chica de la farmacia mirándome cuando llegué a la puerta de la farmacia y me di vuelta para mirarla y ella todavía me miraba. «De qué te reís», me dijo Dima, «No, de nada. Dima, frente a las escuelas debería haber farmacias, ¿no?, eso estaría bien».